Escrita
por Cherie Priest (1975, Tampa,
Florida, EEUU); autora licenciada en Retórica por la Universidad de Tenesse y
en Lengua Inglesa por la Universidad de Adventista del Sur. Se dio a conocer con
Four and Twenty Blackbirds, también
es autora de Cheshire Red Report. Y Boneshaker, la novela a reseñar.
Boneshacker
pertenece al subgénero de la ciencia ficción llamado Steampunk. Un subgénero que ha madurado en los últimos años hasta
convertirse también en un movimiento artístico y sociocultural, no sólo
literario. La principal característica del Steampunk
es que está ambientado en un entorno donde la tecnología es aún de vapor, el uso de la electricidad es aún incipiente y
hay maquinas llenas de engranajes en todas los rincones. Normalmente, se sitúa
en la segunda mitad del siglo XIX y se mezclan con elementos de ciencia ficción
o incluso de fantasía. En el cine, un buen ejemplo de este género es la
película La Liga de los Hombres
Extraordinarios o La máquina del
Tiempo.
La
creación de Priest respecta esos cánones. Está situada siguiendo dos
coordenadas: la espacial (sitúa la acción en la ciudad americana de Seattle) y
la temporal (año 1879; en una supuesta continuación de la Guerra Civil
Americana, que en realidad acabó en 1865 pero que la autora ha decidido alargar
unos años más).
La
trama mezcla historia, ciencia
ficción y terror a partes iguales. Durante la fiebre del oro de Klondike
(Alaska), el inventor Leviticus Blue creó un ingenio para atravesar el hielo de
Alaska, la máquina taladradora Boneshaker.
Antes de ir al norte, la Boneshaker
fue probada en el centro de Seattle ocasionando un verdadero desastre; destruyó
media ciudad y liberó un gas de origen volcánico que convertía en zombi a todo
aquel que lo inhalara. La fuga del gas fue imposible de detener y se levantó un
muro para contener a los podridos (así llaman a los zombis) y proteger al resto
de ciudadanos.
Dentro
del muro impera la más absoluta anarquía; negocios sucios, grupos mafiosos,
piratas aéreos. Incluso se crea una droga a partir de esa sustancia que emana
del suelo, traspasa el muro y se vende en los barrios bajos de Seattle.
El
hijo de Blue, Zeke, de quince años, en un intento de averiguar más sobre la
vida de su padre entra dentro del muro. Su madre, la viuda de Blue, va tras su
hijo para salvarle.
La
estructura es sencilla y lineal. Dos
historias, la de madre e hijo, que corren paralelas hasta encontrarse al final.
No hay originalidad alguna en este concepto.
La
prosa es la adecuada. Quizá en
algunos momentos algo cargada de descripciones cuando el mismo ritmo de la
acción pide más energía y movimiento; pero en general es correcta.
El
ritmo es alto pues sólo el primer
capítulo puede considerarse lento. El resto es una carrera loca de madre e hijo
por entrar dentro del muro, protegerse de podridos y de piratas de mafiosos. El
ambiente es sofocante, pues la oscuridad es casi permanente debido a la niebla
de las emanaciones de gas. Y esto también ocasiona que los humanos vivos tengan
que ir provistos continuamente de máscaras protectoras. Creando, como
comentaba, un ambiente sofocante y pesado.
La
caracterización de los personajes es
algo justa. No entiendo los halagos excesivos que se hace de esto en la
contraportada del libro; y esto puede defraudar a más de un lector. Es más,
ninguno de los personajes es brillante en modo alguno. Tampoco asistimos a una
evolución o a una profundidad que maraville al lector.
El
muchacho, Zeke, está totalmente desdibujado y carente de una personalidad;
tiene quince años y eso sería lógico, pero un carácter más marcado habría dado
mucho más juego.
Igual
que la madre, Briar, una luchadora pero sin brillo alguno en sus acciones o
pensamientos.
El
argumento es el idóneo para lucir al máximo una buena profundidad en esos
personajes. Y la autora no ha sabido, o no ha querido, implicar más la parte
emocional.
Los
diálogos simplemente cumplen su
función. Las descripciones y la acción son la base de toda la novela. Y la
clave de todo está en una sorpresa final que me sorprendió gratamente.
Y
un tirón de orejas para la autora. La aportación histórica es nefasta.
Cronología equivocada (las primeras extracciones en Alaska comenzaron en 1896 y
la novela sitúa ese movimiento hacia 1870), la ciudad de Seattle la ha
construido a su aire sin respetar muchos edificios que ya existían; por poner
un par de ejemplos.
La
misma autora explica al final los motivos que le han llevado a cometer esos
errores. Pero no he entendido el sentido de ponerlos; de hacerlo correctamente
el argumento habría tenido la misma gracia.
Siempre
he pensado que la gran mácula de los escritores americanos es la historia; y lecturas de este tipo sólo me confirman esa idea.
Lo mejor:
la ambientación y la idea.
Lo peor:
los errores históricos y la poca profundidad de los personajes. Sin el
marketing de venta en las portadas, la novela me habría parecido mucho mejor
pues tiene ritmo y el tema zombi siempre es interesante.
Aspectos a destacar
El
steampunk es un género en auge,
aunque aún poco explorado. Una buena introducción es Boneshaker, si se dejan de lado esos errores ya comentados.
Comentan los entendidos que el género en los próximos cinco años será una
auténtica bomba literaria. Estaremos alerta.
Siempre
he considerado a los premios literarios de ciencia ficción (Nébula, Hugo,
Locus) como un premio a una nueva aportación al género. Si los méritos de Boneshaker son por su atrevimiento con
el steampunk la finalidad de esos
certámenes es incorrecta, pues no es la primera muestra literaria de ese
género. Y tal vez, sin esos premios, la novela me habría parecido mucho mejor.
Recomendación
El
volumen lleva un mapa en las primeras páginas del interior del muro de Seattle,
extremadamente útil para situar a los protagonistas y a la acción. Las 316
páginas se leen de una manera muy rápida y sin problema alguno.
Valoración:
8/10
Reseña
efectuada por Jordi Nogués Aymerich




















